No sabemos en qué momento falló o si falló, es por eso que algunas personas prefieren hacer el bien mediante el mal, pareciera que lo de nosotros no es desarrollarnos sino “mantenernos”. Hay quienes queremos ser ese que haga algo mal para que estalle la revolución de la conciencia, para que más personas se inquieten, para que su movimiento se altere y pretendan salir de la fosa común en la que se encuentran. Hay quienes se arriesgan a caer en la categoría del mal que esta sociedad mecaniza y manufactura. Necesitamos ejemplos de maldad. Dar a entender. Lo mal agradecidos que estamos con aquel que nos da la guía del “que no hacer” y cómo le hacemos reverencia y plegaría a aquel santo que quizá sin querer hizo lo que a su parecer es bueno.
Estamos tan mal agradecidos con todo y al mismo tiempo nos cuesta tanto agradecer, y nos lo reservamos a la conveniencia. No es hacer el bien o hacer el mal sino simplemente hacer lo que importa, bondad y maldad son parte de una misma escala. Nos entregamos a los brazos del panteón creyendo que hicimos el bien no perecedero, pero creer no basta. Nadie.
Muerte es lo que hay, tómalo… no dejemos espacio a la duda ¿Has matado a alguien querido aunque sea en el pensamiento? No se refiere al asesinato sino al hecho mortal. Vuelve a intentarlo …
Hay tanto que pensar y aún así tenemos que vivir el aquí y el ahora, estas ideas suenan desordenadas pero van en síncopa, al final todos pueden enseñar a uno, pero es sólo uno el que ha de aprender, así, una forma de hacer las cosas.

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